La externalidad de la que
abordaré es la de la producción de energía mediante una central termoeléctrica.
En el municipio de Mérida existe una planta termoeléctrica de la Comisión
Federal de Electricidad (CFE) ubicado a la afueras de la ciudad, surte de
energía a toda la región con la quema de combustibles fósiles para la obtención
de la energía suficiente.
En el funcionamiento de la planta se utiliza el combustible fósil para
generar la energía mediante el calor que produce el mecanismo. Puede ser
mediante la combustión de gas natural (que es el que menos genera dióxido de
carbono), petróleo o carbón.
Este procedimiento para la generación de energía produce contaminantes
nocivos para el medio ambiente, el aire para ser más precisos. Hablando
específicamente de Mérida, la planta Mérida II, si bien proporciona de energía
a la población, como ya mencioné, necesarios para la vida moderna cotidiana;
también hace que en su funcionamiento arroje gases contaminantes deteriorando
la calidad de vida de la población de su alrededor o de la ciudad completa. Es
necesario un mecanismo para la disminución lo más posible para mantener los
estándares de vida que la ciudad conserva o incluso mejorarla con menos
contaminación. Estos gases también los arrojan empresas privadas que en su
producción diaria emiten al aire.
Un estudio reciente elaborado en Santiago, Sao Paulo y México por Bells,
David, Gouveia, Borja-Aburto y Cifuentes en el 2006 revela que en un año la
contaminación al aire puede causar en la población aproximadamente ciento
cincuenta y seis mil muertes, cuatro millones de ataques de asma y cuarenta mil
casos de bronquitis crónica.
Aunque la mayor fuente de contaminantes que hay es el uso del vehículo
motorizado, las contribuciones que hace el sector transformador es, aunque en
menor grado, importante sobre lo que aporta al aire de una región. La planta termoeléctrica
Mérida II hace su respectivas aportaciones a la contaminación del aire, es
necesario detallar los tipos y cantidades que emite así como si hay viabilidad
recurrir a una energía alterna para satisfacer las necesidades de la población
de la región o las posibilidades reales de hacer una disminución de sus
contaminantes por la vía de la innovación tecnológica o el ahorro de energía
por la vía de una educación íntegra a la población así como también otorgar
incentivos a las dependencias gubernamentales o privadas a mejorar su
eficiencia en el uso de la energía eléctrica.
Se requieren de programas de política pública para mejorar la calidad
del aire y mejorar por consiguiente al medio ambiente. Programas simples que
van desde la conservación de áreas verdes dentro de la ciudad como
“respiraderos”, hasta conservar bosques completos en los alrededores de la
ciudad para que puedan absorber la mayor cantidad de contaminantes del aire que
son emanados en las zonas industriales. A nivel estatal podrían también
promoverse la reforestación y áreas protegidas, esto puede ser considerado como una muy buena
alternativa ya que provee de árboles suficientes para la reducción de
contaminantes y también es una fuente de empleo para las poblaciones de las
zonas rurales que se les paga por cultivar los árboles en el vivero (en el caso
de la reforestación), además de poder ser una fuente de ingresos por concepto
del turismo ya que cuenta con una amplia biodiversidad los montes del Estado
(áreas protegidas); esto es un claro ejemplo de un desarrollo sustentable que
además hace justicia social al dar empleo a las zonas rurales, conservar su
medio ambiente y conservar su bienestar general.
Otra buena propuesta para disminuir la contaminación la podemos tomar de
los acuerdos pactados en Kioto, como son los llamados “bonos de carbono” que
consiste en que se emitan certificados, estos certificados permiten una emisión
de una tonelada de CO2 y dependiendo de su actividad se le otorgan una
determinada cantidad de certificados. Se incentivará a la mejora tecnológica
para reducir sus contaminantes en la empresa mediante la venta de certificados,
si una empresa logra reducir sus emisiones podrá vender su certificado en un
mercado secundario a otra empresa que lo necesite y así sucesivamente.
En el estado existen ya en marcha políticas
públicas para la reducción de los contaminantes al aire, varios de los cuales
ya detallé anteriormente. El problema radica en que a todas ellas no se les da
un seguimiento adecuado a largo plazo o metas demasiado modestas como para
lograr los objetivos necesarios. Otro gran problema de estas políticas son
escasas evaluaciones a su desempeño y, en consecuencia, con información
limitada sobre cómo mejorar la administración, gestión y los resultados de
éstas. Además, las evaluaciones que existen solamente detallan resultados
burdos y no revelen el grado de eficiencia con que cuentan ni tampoco tienen
presente cómo se implementan al detalle las políticas “intergubernamentales”.
Como en todo reto social, para combatir la contaminación del aire es
necesaria la coordinación entre los tres niveles de gobierno, organismos no
gubernamentales, instituciones internacionales, investigadores, universidades y
la sociedad en general. Hacen falta unas políticas que vean a un largo plazo,
que en un mediano plazo tengan objetivos concretos y vigentes y a corto plazo
acciones decididas y coordinadas para lograr unos excelentes resultados y lo
que se desea; un aire fresco que no dañe nuestra salud y por ende nuestro
bienestar general.
Por la
naturaleza de estos temas, el gobierno debe ser el encargado absoluto de
liderar las acciones que se tengan que tomar para lograr los fines necesarios
en sintonía de la iniciativa privada, de la sociedad y de los académicos.
Ningún gobierno debe cruzarse las manos ante esta cuestión ni mucho menos
negarse a tomar cartas en el asunto puesto que sus ciudadanos son los que lo
necesitan. Ellos demandan intrínsecamente de mejores niveles en el aire cuando
reclaman mejores niveles de vida, es por ellos que se deben tomar todas las
medidas necesarias para un nivel adecuado y digno de calidad del aire. Si no es
el gobierno quien lidere estas acciones nadie lo hará, mucho menos el mercado
que nunca ejercerá dicho liderazgo como muchos pretenden, pregonan y creen que
hará.
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